Sylvia Bonfiglio

(Banfield, 1965). Licenciada en Letras. Durante la secundaria, aprendió teatro en El Altillo del CONABA, lugar de donde surgieron muchos artistas de la zona. Es autora de un relato sobre esos años (La pareja mecánica en elbanfileñoclandestino.blog). Fue redactora de El Banfileño Clandestino, creado por Sergio Mercurio, y es directora de Clandestino, página de Facebook de cultura. Publicó: Amanecido de poesía y muerto de poesía, un recorrido por el universo lorquiano, (en co-autoría), y Una manta (relatos)

Los conjuros

Amores peregrinos.

Amantes milenarios.

Cómplices inevitables de un pacto olvidado.

Señales diseminadas que esperan ser leídas luego; cinco minutos, quince siglos, cuatro años y medio de soberana ausencia… y de todos modos no se borran las marcas.

Cuando el conjuro de los ojos y los pies se lleva a cabo no hay forma de deshacerlo.

Sobre todo cuando fue hecho en abril y había ausencias dolorosas, o cuando la artrosis de los dedos no permitió la caricia o la redacción

Cuando faltaron testigos a la cita o comensales a la mesa; cuando el vino se derramó en su vestido porque no la alcanzaron los besos… o porque no le alcanzaron tal vez.

Son así de imperturbables esos cómplices de antaño, porque no saben y lo olvidaron, o porque lo olvidaron y no saben.

Y allí van otra vez…y son miles las veces, a tomar su último café y fumarse el postrero cigarro, a veces compartido, para volver a despedirse sin entender que son cómplices de abandono.

Amores peregrinos.

Amantes milenarios.

¡Atentti, que siempre hay un oráculo cerca para buscar la respuesta y romper la rueda!

A saber:

– La cuarta mesa del bar “El Sol” de Banfield

– El libro de Benedetti “Inventario”

– El árbol de magnolias de la plaza de Lomas

– El capítulo 92 de Rayuela

– Los jacarandáes de Plaza San Martín

– El 278 letra A

– El brillo del sol en la laguna

– La caja de los zapatitos que te obsequió la tía a los 7 años

– La carterita tejida de rafia que sostenías en el bautismo de tu hermano

– Un regalo lleno de símbolos que era un aleph

– Un boleto capicúa

– El arroz con leche

– El sol

Seguramente encontraran más, luego hay que poner la pava y esperar la temperatura justa, no vale agua caliente del dispenser. Esperar es parte del ritual. Cuando el agua espume la yerba, antes de dar el primer sorbo mirar ese verdor inigualable y cerrar los ojos.

Vos sabés que yo ya me di cuenta. Somos cómplices silenciosos de nosotros mismos. Me di cuenta que también sabés. No esperes el mate lavado, solo así romperemos el hechizo. Claro que además hay que volver a tocarse los pies con los ojos bien abiertos como decía Cortázar en el cap. 7, abiertos hasta la superposición del aliento y eso ya no me aventuro a decir que podrán soportarlo.

Amores peregrinos siguen su camino

Amantes de antaño, amantes de hoy, cómplices nocturnos de un pacto madrugado.

Sale el sol todos los días, con bar o sin bar.

Los más tortuosos conjuros tienen una resolución simple.

Solo que hay que tener valor para admitir que siempre es más fácil amar.

No es saudade

Con una tenaza fue acomodando todas las partes que tenía del rompecabezas de su familia y en algunos sitios puso una hoja seca

En otros un pan

En aquellos más grandes algún trapo viejo,

Una foto y un sobre vacío

Un limonero zumbante de abejas libres

Cuatro o cinco certezas carentes de sentido

La más antigua y verde saudade que le pertenece a otro, aunque la cargue ella

Saudade de sol y de campo

Saudade peregrina y azul

Saudade de mais

Un atardecer en Querétaro

El último foxtrot que bailaron juntos

El séptimo cumpleaños de los trillizos

Tu mano sujeta a la mía…

Saudade de volverme atrás y haber gritado que sí,

Que era cierto eso que dijiste que suponías.

Saudade de tu piel inasible…”

Saudade de mais

La manito de Eva sujetando sus dedos luego de mamar

Un paseo por las afueras y el sabor del café

Papá trayendo a su nieto de la escuela con la sonrisa más azul que nunca…

Un árbol cargado de fruta madura y dulce

“Me voy para siempre- se dijo- y me llevo la llave.

Se abre otro sendero frente a mis pies de elefante… así que, adiós”

Eu tenho saudade de todo o que nao foi…

No es saudade, solo ha sido desamor.

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