Mauro Elizondo

Nacido en el año 2000 en el seno de una familia muy humilde en el barrio Villa Benquez de la localidad de Banfield. El tercero de seis hermanos, que llegada la adolescencia llegaría a conocer el mundo de la calle como casi todo mi contexto. Víctima de linchamiento a los quince años, hecho que me dejó al borde de la muerte y me llevó a reinventar mi estilo de vida. A los dieciséis conocí la literatura y nunca pude apartarme de ella. A los dieciocho viajé a Santa Cruz a casa de un hermano, viaje que fue solo unos meses y me decidí volver para estudiar. Ex estudiante de la carrera de Letras en la UBA. Participante del proyecto de FOPEA en los talleres de periodismo en barrios populares. Escritor en revistas como «mundo villa», «revista persefone», «La República» entre otros, y partícipe de una antología de poemas llamado «Reunión» de la editorial Dunken.

https://mundovilla.com/?s=Elizondo

Ig: elizzondo.m


Flash en la noche.

El día se desarma, las persianas se desvelan

aletargando la reaccion de las gotas

mis ocasos son de acerrin y tinta

mientras los cráneos se excitan

se desvisten y vagan por el cosmos

seducidos por un elixir volador

(brebajes con resabio amortiguado)

las estatuas aparecen

   (sombras)

el ejército de los sentidos profetas

¡tímpanos agudizados! ¡párpados sin descanso!

qué loco es, sin embargo

aún con horizontes singulares de chapa

volver en mí

ver el ventanal de diamantes

cielos razos sinuosos

(sonajas ametralladas)

la emboscada de la lluvia

¡ah! las perlas de la nueva noche salpicando sus burbujas…

y me descuelga un canto

canto alegre

en púlpitos de barro (parlantes ambulantes)

eran los proxenetas de la lengua

com mambos de ensueños

y en medio del diluvio

yo, refugio sin fábula

recuerdo la farándula simpatica relojeando de soslayo

dádivas a cada paso de camino

a empeñar el alma

por gramos apuñalados de impureza en pasarelas oscuras

angostas

¡ah! ¡cómo olvidarlos!

viajantes sin fragor

enarbolando sus antorchas

tirando la soga a los caminantes

y siempre ¡siempre!

la noche fue un instante

y los párpados se quiebran

los cráneos se visten

y se arma nuevamente el día

que fielmente asciende.

Pómulos y verdugos.

Pude verlos

inermes

entre ademanes silenciosos

débiles

con augurios lánguidos

de un destino pútrido

pringando el mendrugo

en el ocaso desierto del último guiso

pude verlos

ecos

truenos que gruñen

aúllan

se dispersan

retumban

neologismos plebeyos

el silencio se asienta y vuelven

ecos

y pude verlos

inermes

socavando el resabio

de la muerte impávida

qué se precipita entre muros estáticos

y azuza en mañas soberbias

entre costillas enrejadas

a pómulos sin rostro

y pude verlos

los contemple ¡sí!

vanguardia inerme

resignada

frente al verdugo pelotón

frente a enarboladas carcajadas

frente a títeres deshilachados

matones de almas

que por las noches son búhos

desterrados del viario onírico

los contemplé ¡sí!

¡ah! ¿podrán mis ojos seguir viendo

y aceptar la sequedad insatisfecha

divisando el brillo

de húmedas retinas

de irritadas miradas

que reclaman a gritos silenciosos

tan sólo poder vivir?

¡ah! ¿podrán mis ojos?

pude verlos

ejércitos del verdugueo

planificando hileras

de cuerpos sin mañana

con cicatrices prehistóricas

acostarlos al primer redoble

y empuñando hielos con sus manos insanas

volcándolos eufóricos

a los pómulos sin rostro

sobre sus pechos masacrados

pude verlos

susurrando en sus oídos

hasta ya no pestañear

mansos los acobijaban

con cuentos irracionales

de finales felices ¡siempre felices!

que se desprendían de láminas

cínicas, consumidas, cristalinas

condicionando sus pesadillas

susurrando en sus oídos

y un joven valiente se rebeló

escupió el buche de elixir impúdico

y con sus tímpanos ensangrentados

escaló vanamente los muros ingentes

saltaron eufóricos los pómulos incrédulos

¡algo tronó! se hizo nuevamente el silencio

y cayó agonizante el rebelde

jadeante, risueño

ante asombros y sollozos

de mansos rostros que lamentaron

a un joven valiente que se rebeló

pudieron verlo

los desterrados del sueño

montañas rojas de finados inermes

y supersticiosos

a un paso de la locura

planearon con cautela

minuciosamente

un escape al encierro

antes que los gallos invadan el alba

que de a poco se lucia

y pudieron verlo

al que nunca fue niño

apretar su gangrena escuálida

con el último hálito de esperanza

desfallecer sin consuelo

en el triste crepúsculo de su destino

terminó el tiempo

de penas

desgracias y alegrías efímeras

de aquel que nunca fue niño

el sol relojeaba curioso

los gallos sonaban

a lo lejos

amanece para los pómulos

que en gran parte estalló de ira

a un paso de la ansiada fuga,

los ya sin alma se opusieron

la matanza comenzó

la matanza entre los pómulos sin rostro

mientras el sol relojeaba curioso

ante los inermes pómulos sin rostro

los truenos volvieron a gruñir

a aullar

a dispersarse

a aturdir

y de fondo

cuando el sol se curtía

en síntomas de apertura

sonó como eco

un aplauso pálido

y una risa verduga

sentenciando la trágica escena

ante los inermes pómulos sin rostro.



Cementerio de colillas.

te recordare en el canto jubiloso de las sonajas ametralladas por la lluvia

en el paso vacilante entre cascaras rubias de la noche anterior

     (cementerio de colillas, nervios de acero, sigilo de un secreto)

farsantes mis inquietudes, se escapan por el pasillo

de los mil besos que anclados han quedado en mis labios temblorosos.

y decime vos quien, ¡oh, amante de la madrugada!

quien vendrá en esta noche a rescatarme del lastimoso ruido de agujas.

suspiros me renuevan, hasta los perros han callado

y mi alma jadea ¡ah!

ya no estas conmigo…

iré a buscarte, a tu esquina de mil caminantes

y no estarás y perdido vagare en los recovecos de un barrio oscuro

preguntare por vos y ahí me dirán que no existes

mas que en mi mente que te inventa como borracho a amigo imaginario.

y ahora que, mujer;

¿retornaras a mi sendero amorfo oscilando mis placeres,

caerás en ese abismo impalpable de que el olvido esta lleno de memoria

o tan solo te convencerás que el amor es un espinel de mentiras?

es que no puedo en esta noche, dejando migajas de pasta cerebral

a cada paso, recaer a los buenos momentos que antaño nos blindaron,

mi escudo se ha quebrado

los golpes ya ni duelen

mis lagrimas sabor no tienen

no habrá tiempo que recuperar

creí que estaba curtido

y en un rato de la noche

me lastime todo entero…

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