Gonzalo Del Jesús

Gonzalo del Jesús (1985).Poeta de San Francisco Solano. Participante recurrente de Slams, Micrófonos abiertos y eventos de poesía en el sur del conurbano y CABA. Se vale de la métrica y construye su poesía especialmente para ser escuchada.

Instagram @gonzalodeljesus https://www.instagram.com/gonzalodeljesus/

Los kioscos
Todo el mundo puede poner
un kiosquito en Solano
y con un poco de suerte
convertirlo en almacén.
Por todos lados florecen
Los carteles que te ofrecen
cigarrillos, golosinas,
galletitas, pan y leche.
Si te duele la cabeza
no hace falta una farmacia.
Los kiosquitos en solano
venden aspirinas mágicas.
Si querés una cerveza
y no tenés un envase,
no hay problema, te lo prestan.
Y ahí no más te la escabias,
en la esquina, en el solcito
podés tranqui acomodarte
olvidarte los problemas
Y soñar por un ratito.

Todo el mundo puede poner
un kiosquiito en solano.
Con una ventana alcanza
que dé directo a la calle,
que tenga reja y persiana.
No hay forma que el kiosco falle.
Compras a dos, vendes a tres.
Tampoco es una gran ciencia.
Con el kiosko nunca perdés.
Solo hace falta un cartel,
un timbre y tener paciencia.
Todo el mundo puede poner
un kioskito en solano.
No hace falta burocracia
ni permiso municipal.
La ley es falacia en Solano.
Mientras a nadie le hagas mal
podés hacer lo que quieras.
Donde sea que estés parado
siempre hay un kiosko acá la vuelta
o en la esquina o en la otra cuadra.

Por todas partes hay ganas
de dar vuelta la balanza,
que los números se sumen,
que ya no existan más restas,
aunque ya no seas libre
de poder dormir la siesta,
aunque ya no seas libre
de poder cagar tranquilo.
Será un esclavo del timbre
el que se ponga un kiosquito.
Pero un esclavo sin hambre.

El arroyo
A menos que una fábrica
arroje sus cochinadas,
no hay mugre ni mal olor
en el arroyo Las Piedras.
La gente no es culpable
si hay mal olor en las aguas.
Acá, nada se descarta,
nunca sobra, siempre falta.

No se llega a pudrir nada.
Antes se lo comen los perros
o de última las ratas.
Nunca huelen feo las orillas.
Si usted siente olor a pedo,
seguramente, anoche,
a las tres de la mañana,
un depósito de mierda
vomitó sobre las aguas
y se perdió en las tinieblas.
No son sucios los vecinos,
ese plástico no es mugre.
Por cada bolsa que usted vea
en las aguas del arroyo,
hay diez mil recolectadas
que jamás conocerán
ni los mares ni las playas.
Detrás de cada botella
que flota en las turbias aguas,
hay mil tapitas juntadas
Que se usarán para imprimir
mil herramientas insólitas

o mil millones de armas.
Si usted ve un cartón húmedo
ahogándose en el arroyo,
sepa que se ha escapado
del gran circulo vicioso
y esquivará su destino
de ser papel para el culo.
(Cuando limpiás mierda de otro,
no es mal negocio el arroyo.)
Esto no es mugre es trabajo.
Así se ganan la vida
los que viven más abajo,
revolviendo la basura,
juntando cartón y plástico.
La gente sigue esperando
en el arroyo Las Piedras,
todavía no hay novedades
sobre un niño en un pesebre
de botellas de plástico.

Tino
Tino fue el primer puto
que caminó con orgullo
por las calles de Solano.
Aunque putos hubo siempre
incluso entre los indios
que habitaron estas tierra,
acá Tino fue el primero
con los huevos suficientes
para exhibir las plumas
e intentar levantar vuelo.
Era triste ser diferente
en aquellos años noventa.
La vida era muy cruenta
si te gustaba la pija:
eras un degenerado.
Sentía vergüenza tu madre
y era fija que tu padre
sentiría odio y sentiría asco.
Y si conseguías quien te ame

toda muestra de cariño
solo entre cuatro paredes
podía manifestarse.
Los que nacieron con pito
y por dentro eran mujeres
tenían marcado su destino:
En la oscuridad del placard
o en alguna peluquería,
pero más que eso, no había.
Bajito había que volar
para no tentar al diablo.
Sé muy bien de lo que te hablo
Tino era el único que tenía
el coraje suficiente
para andar con maquillaje,
para mover el culo al compás
de su corazón marica.
Por su andar era famoso
y su rubio platinado.
Le apretaba el bulto furioso
siempre el jean achupinado.

Siempre que tino pasaba,
las viejas dejaban en pausa
los chismes y las recetas,
y en nombre de jesucristo
indignadas murmuraban
con un odio infinito.
Y en la esquina de los pibes
él rito se interrumpía
y de la ronda salían gritos
que no tardaban en lastimar
los oídos del puto Tino.
Y los niños, en la calle,
interrumpían el partido
para mirar pasar a Tino.
Algunos con odio y rencor
imitaban a los grandes
y gritaban despacito:
“Ese es puto, el puto Tino”
Los más tímidos callaban,
fantaseaban en silencio
pavonearse como Tino
y ser libres como el viento.

Caminó Tino las calles
del primitivo Solano.
Como un viajero del tiempo,
parecía venir de otra era.
Mostrar lo que eras por dentro
No era misión para cualquiera.
Fue el primero en desmalezar
el camino en esta selva.
Entre viejas venenosas
y violentos machirulos
marchó siempre con orgullo
entro la zanja y el barro,
entre el odio y los insultos.
Parecía cavar su tumba
cuando se enfrentaba al mundo.
Desafiante y temerario,
en realidad lo que hacía,
era un pozo muy profundo
para plantar la semilla
de otro árbol de este bosque
que hoy en día ampara y cobija,
a otros, a otras, a otres,

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial